La presentación de Werner Vogels, vicepresidente y director tecnológico de Amazon, quedó interrumpida por varias personas que subieron al escenario del encuentro AI for Good, celebrado en Ginebra y vinculado a la Unión Internacional de Telecomunicaciones de la ONU.
Con una pancarta contra el uso de tecnología para el apartheid y gritos para cancelar el Proyecto Nimbus, los activistas acusaron a Amazon y Google de proporcionar infraestructura digital que puede ser utilizada por las autoridades y las fuerzas armadas israelíes. El personal de seguridad terminó retirándolos del escenario.
El Proyecto Nimbus es un contrato de unos 1.200 millones de dólares adjudicado en 2021 para suministrar servicios de nube, almacenamiento, inteligencia artificial y aprendizaje automático al Gobierno israelí. Los usos concretos de toda esa infraestructura no son transparentes, y la relación directa entre Nimbus y determinados sistemas de selección de objetivos continúa siendo objeto de denuncias e investigaciones, no un hecho demostrado en todos sus extremos.
Esa cautela no elimina las preguntas. Las herramientas de nube pueden almacenar enormes volúmenes de información, analizar imágenes, automatizar decisiones y sostener sistemas de vigilancia. Cuando se suministran a un Estado implicado en graves violaciones de derechos humanos, las compañías no pueden limitarse a decir que venden infraestructura neutral.
Amnistía Internacional y una comisión independiente de investigación de Naciones Unidas han concluido que Israel ha cometido genocidio en Gaza. La Corte Internacional de Justicia mantiene abierto el procedimiento presentadopor Sudáfrica y todavía no ha emitido una sentencia definitiva sobre el fondo.
La protesta no demostró por sí sola cómo se utiliza cada servidor. Hizo algo diferente: exigió transparencia, controlesy responsabilidad empresarial.
La tecnología no decide sola a quién vigilar o atacar. Pero quienes la diseñan, venden y mantienen sí toman decisiones.
La nube no borra las huellas del poder: las almacena.