EFE
África se ha convertido por primera vez en el epicentro mundial del hambre, un giro histórico que refleja la magnitud de la crisis alimentaria global. Según el último informe de Naciones Unidas, 309 millones de africanos sufren subalimentación, superando ya a Asia, que registra 292 millones.
Este cambio no implica que el hambre haya desaparecido en otras regiones, sino que el problema crece con mayor intensidad en el continente africano, impulsado por varios factores. Entre ellos destacan el rápido crecimiento demográfico, los conflictos armados, los efectos del cambio climático y la debilidad de los sistemas económicos y agrícolas.
A nivel global, la situación muestra una leve mejora: el número de personas que padecen hambre ha descendido por tercer año consecutivo. Sin embargo, entre 608 y 696 millones de personas siguen afectadas, una cifra que evidencia la fragilidad de los avances.
Además, el problema no es solo la falta de alimentos. Casi 2.700 millones de personas no pueden permitirse una dieta saludable, siendo África la región más castigada, donde dos de cada tres habitantes están en esta situación.
Las previsiones tampoco invitan al optimismo. Si no se actúa con urgencia, más de 500 millones de personas seguirán pasando hambre en 2030, lo que aleja el objetivo de erradicarla.