El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, con representantes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en la frontera del Tarajal (Ceuta). Fuente La Moncloa
Pedro Sánchez se desplazó este viernes a Ceuta para enfrentarse en persona a la mayor crisis migratoria que recuerda la ciudad autónoma. En las últimas 24 horas, más de 50.000 personas cruzaron desde Marruecos a nado, a pie por los espigones o sorteando los controles fronterizos. Al menos 43 personas murieron en el intento. El Gobierno ha desplegado al Ejército para reforzar la seguridad.
«Lo que ha sucedido es una violación y un ataque a la integridad territorial de España», declaró el presidente del Gobierno durante una comparecencia en Ceuta. «Ceuta es una ciudad española y lo sucedido merece todo nuestro reproche y nuestra condena al nivel más enérgico posible.» Trasladó también un mensaje de apoyo a la ciudadanía ceutí: «Nos hacemos cargo del estado emocional, de la situación de angustia que están viviendo durante estas últimas horas.»
Sánchez responsabilizó a las mafias que trafican con seres humanos de haber aprovechado una reciente sentencia del Tribunal Supremo que, según su interpretación, impide las devoluciones en frontera. «Lo que subyace es la lectura interesada que las mafias han hecho de una sentencia judicial», afirmó. El Gobierno trabaja con Marruecos para el retorno masivo de quienes llegaron de forma irregular en las últimas horas, especialmente del día de ayer jueves. Se anunció también el despliegue de boyas en ultramar para frenar nuevas llegadas.
Trump, desde Washington, calificó la situación de «terrible» y se sumó al debate internacional sobre la presión migratoria que sufre Europa.
Lo que está ocurriendo en Ceuta es una crisis humanitaria real. Detrás de cada persona que cruza a nado hay una historia de desesperación, de peligro, de redes de explotación. La respuesta del Estado tiene que combatir a las mafias con contundencia. Pero no puede confundir a las víctimas con los culpables.