Cuatro mujeres acusan a Jared Leto de conducta sexual delictiva en un nuevo documental de la BBC, Jared Leto: Hollywood’s Dark Secret. Los hechos denunciados habrían ocurrido entre 2002 y 2016, cuando varias de ellas eran adolescentes y Leto ya era un adulto famoso. El actor niega las acusaciones y afirma que nunca ha agredidosexualmente a nadie.
Hay que escribirlo con precisión: son acusaciones, no condenas. Pero también hay que escribirlo sin ingenuidad. Porque el caso no habla solo de un nombre famoso. Habla de una estructura repetida: hombres con poder, fans muy jóvenes, camerinos, giras, silencios, acuerdos de confidencialidad y una industria que durante años convirtió rumores incómodos en paisaje.
La BBC asegura haber corroborado testimonios con mensajes, fotografías y personas del entorno de las denunciantes. La AP, por su parte, recoge las acusaciones y la negativa de Leto, aclarando que no verificó de forma independiente todos los relatos.
El centro no debería ser el morbo. El centro es la asimetría. Cuando una estrella adulta se acerca a adolescentes que lo admiran, no estamos ante una relación neutral entre iguales. Hay fama, acceso, presión, miedo a no ser creída y una industria preparada para proteger carreras antes que cuerpos vulnerables.
Hollywood lleva años diciendo que aprendió la lección del #MeToo. Pero cada nuevo caso recuerda que el problema no era solo un monstruo aislado. Era una cultura donde la fama funcionaba como llave, escudo y amenaza.
Escuchar a las denunciantes no significa saltarse garantías. Significa entender que el silencio también suele tener estructura. Y que el poder casi nunca abusa en la oscuridad total: muchas veces lo hace bajo focos.