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La crisis global de la vivienda se ha consolidado como uno de los mayores retos del siglo XXI. Un informe reciente de ONU-Hábitat, presentado en el Foro Urbano Mundial celebrado en Bakú, advierte de que más de 3.400 millones de personas carecen de una vivienda digna, segura y asequible en todo el mundo.
El estudio, titulado World Cities Report 2026, revela además que más de 1.100 millones de personas viven en asentamientos informales o barrios marginales. Ante esta realidad, Naciones Unidas insiste en abandonar políticas basadas en desalojos forzosos y apostar por modelos que prioricen la inclusión social, la mejora de comunidades y el derecho a la vivienda.
La directora ejecutiva de ONU-Hábitat, Anacláudia Rossbach, subraya que la vivienda no debe tratarse como un simple producto del mercado, sino como un derecho humano fundamental y una herramienta clave para impulsar el desarrollo sostenible.
El informe destaca un cambio de enfoque en distintos países, donde cada vez más ciudades optan por mejorar los barrios vulnerables desde dentro en lugar de desplazar a sus habitantes. Ejemplo de ello es el programa Baan Mankong en Tailandia, que permite a las comunidades renovar sus viviendas mediante financiación pública y participación vecinal, sin abandonar su entorno.
También se observan avances en ciudades como Amán, en Jordania, donde se están desarrollando proyectos urbanos inclusivos y resilientes al clima, integrando a poblaciones desplazadas y mejorando su acceso a servicios básicos y espacios públicos.
En países como Brasil, ONU-Hábitat destaca la estrategia de “mejora in situ” en las favelas, centrada en reforzar infraestructuras como el saneamiento, el transporte o la rehabilitación de viviendas, evitando así agravar la exclusión social.
El informe vincula además la vivienda con la emergencia climática. Los edificios generan cerca del 37% de las emisiones globales, y se estima que fenómenos extremos podrían destruir hasta 167 millones de hogares antes de 2040. Por ello, se reclama impulsar viviendas sostenibles y resilientes como prioridad global.
Más allá del urbanismo, Naciones Unidas sitúa la vivienda como un pilar esencial para la justicia social, instando a los gobiernos a reforzar la protección frente a desalojos, reconocer distintas formas de acceso a la tierra y fomentar la participación ciudadana.
“El futuro dependerá de las decisiones que tomemos hoy”, advierte Rossbach, insistiendo en que la vivienda puede ser la base de la estabilidad y el bienestar, o un factor clave de vulnerabilidad global.
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