Directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva. Fuente EFE
El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha mantenido sin cambios sus previsiones de crecimiento para la economía española, situando la evolución del PIB en el 2,1% para 2026 y en el 1,8% para 2027, cifras que confirman a España como una de las economías con mayor dinamismo entre las principales potencias de la eurozona.
Estas proyecciones superan ampliamente las de los principales socios europeos: el organismo prevé que Alemania crezca un 0,7% este año, Francia un 0,6% y Italia un 0,5%, mientras que para el conjunto de la eurozona estima un avance de apenas el 0,9%, menos de la mitad que el registro previsto para España.
A nivel global, el FMI proyecta un crecimiento del 3% para este año y del 3,4% en 2027, aunque advierte de una «enorme disparidad» entre países: mientras las economías vinculadas a la tecnología y la inteligencia artificial, como Corea del Sur o Taiwán, avanzan con fuerza, los países de bajos ingresos importadores de energía sufren un frenazo considerable.
El informe, titulado «Economía global en las corrientes cruzadas de la guerra y la tecnología», subraya que el panorama mundial está marcado por dos fuerzas contrapuestas: la crisis energética derivada de la guerra en Oriente Medio y el cierre temporal del estrecho de Ormuz, y el crecimiento exponencial vinculado a la inteligencia artificial y los semiconductores.
En materia de precios, el FMI prevé que España cierre 2026 con una inflación del 3%, una décima por encima de la media de la eurozona, en un contexto de estancamiento de la desinflación global provocado por el repunte de los costes energéticos y alimentarios. El organismo calcula además que el barril de petróleo se situará en una media de 89 dólares este año, y que la actividad en el estrecho de Ormuz no recuperará la normalidad hasta marzo de 2027.
Ante este escenario, el FMI recomienda a los bancos centrales priorizar la estabilidad de precios manteniendo los tipos de interés o ajustándolos al alza si la demanda tecnológica genera sobrecalentamiento, y urge a los gobiernos a reconstruir sus márgenes fiscales retirando los subsidios energéticos generalizados, salvo aquellos dirigidos de forma temporal a los hogares más vulnerables.