La transición energética ya no es una promesa lejana. Es una tendencia medible. Las renovables crecen, las baterías bajan de precio y la electrificación avanza como la gran vía para dejar atrás los combustibles fósiles.
IRENA informó que, al cierre de 2025, las renovables ya representaban el 49% de la capacidad eléctrica instalada mundial y el 85,6% de las nuevas adiciones de potencia del año. Solar y eólica fueron las grandes protagonistas.
El dato cambia el debate. Durante años se dijo que las renovables eran caras, inestables o marginales. Hoy compiten por precio, escala y seguridad energética. La Agencia Internacional de la Energía prevé que la capacidad renovable crezca más rápido entre 2025 y 2030 que en los cinco años anteriores en más del 80% de los países.
El almacenamiento es una pieza central. BloombergNEF señaló que los precios de baterías para almacenamiento estacionario cayeron hasta 70 dólares/kWh en 2025, un 45% menos que en 2024. Eso facilita guardar excedentes solares y eólicos para usarlos cuando no hay sol o viento.
¿Significa esto que el mundo llegará automáticamente a un sistema 100% renovable en 2050? No. La tecnología no gana sola. Hacen falta redes, almacenamiento, planificación pública, justicia social, financiación y decisión política.
Pero el horizonte es real. IRENA plantea que, para una senda compatible con 1,5 °C, el mundo necesitaría alrededor de 38,2 TW de capacidad renovable instalada en 2050 y una electrificación de más del 50% del consumo final de energía.
La pregunta ya no es si las renovables pueden ser protagonistas. Ya lo son.
La pregunta es quién dirigirá esa transición. Si queda en manos de unos pocos, puede reproducir desigualdad. Si se hace con justicia, puede abaratar energía, limpiar aire, crear empleo y reducir dependencia geopolítica.
El futuro renovable no será inevitable por magia. Pero cada año parece más racional, más barato y más necesario.