En la playa del Trampolín, en Ceuta, cerca de 4.000 personas migrantes llevan más de un mes y medio durmiendo al raso, a la espera de un traslado que todas saben inminente pero que nadie puede confirmar. El nuevo centro de acogida que se ultima en el Puerto apenas tendrá poco más de mil plazas, así que la mayoría sabe que, aunque llegue el traslado, no habrá sitio para todos. El martes todavía faltaba una carpa por instalar y habían llegado las literas, pero no los colchones.
La rutina diaria se sostiene con el reparto de comida de Cruz Roja y el trueque de plátanos, zumos y bocadillos entre quienes ya no tienen chabola propia. Karim, de 23 años, natural de Meknes, cree que el traslado llegará el sábado, «porque se cumplen 50 días» desde su llegada. Hicham, de 19, se ha mudado a la playa vecina de Benítez huyendo del ruido y las peleas: «Es imposible dormir», cuenta.
Pasada la medianoche estallan las primeras trifulcas, casi siempre por motivos menores —un trozo de tierra, comida, procedencias enfrentadas— que alimentan un estigma que los propios migrantes denuncian. «Somos el hazmerreír del mundo, están haciendo que todos parezcamos violentos», lamenta Bilal. Otros, como Beladi, matizan: la inmensa mayoría no tiene nada que ver con los altercados que protagoniza una minoría.
Entre las chabolas duermen también menores no acompañados, como Youness, de 16 años, que ya no intenta entrar en los centros de menores de la ciudad «porque siempre dicen que no hay sitio». Larbi, de 56 años y antiguo taxista, cruzó con su hijo y repara cada noche su refugio de cartón: «Siento una profunda vergüenza de lo que está pasando aquí», dice.
Mientras la política nacional discute de quién es la culpa de la crisis migratoria de Ceuta, en el Trampolín el tiempo se mide en noches de incertidumbre, peleas evitables y preguntas sin respuesta sobre el asilo. La playa se ha convertido en el símbolo de una gestión que deja a miles de personas —muchas de ellas menores— esperando indefinidamente una solución que ni ellas ni nadie sabe cuándo llegará.





Deja un comentario