Galicia afronta una sequía que ya afecta a más de un centenar de ayuntamientos. Según los últimos datos de la Xunta, 32 están en alerta, el nivel más restrictivo, y otros 75 en prealerta. Los embalses de abastecimiento se sitúan en torno al 58,2% de su capacidad, once puntos por debajo de lo que había en la misma fecha del año pasado.
Las zonas más afectadas se concentran en el sistema del Lérez, que abastece a Pontevedra, Marín y Sanxenxo, y en el Anllóns, que cubre Carballo y Culleredo. En los últimos días las restricciones se han ampliado también a Ferrol y al subsistema de Zamáns, del que dependen Vigo y Nigrán.
Las medidas ya en vigor prohíben usos no esenciales del agua potable: baldear calles, llenar o rellenar piscinas privadas, regar jardines urbanos o particulares, y lavar vehículos fuera de instalaciones autorizadas. En las zonas rurales más castigadas, los ayuntamientos recurren a cortes nocturnos y al abastecimiento mediante cisternas.
La previsión meteorológica no ayuda: Meteogalicia y la AEMET advierten de que la comunidad seguirá bajo un potente anticiclón en los próximos días, sin lluvias significativas a corto plazo. La Xunta prioriza blindar el consumo humano directo y ha puesto en marcha el plan Perega para mejorar la eficiencia hídrica e investigar nuevas fuentes de agua subterránea, mientras relega la construcción de nuevos embalses a última opción.
Que una comunidad tan asociada a la lluvia como Galicia tenga que racionar el agua es otro síntoma de que la crisis climática ya no distingue geografías. Gestionar el agua como el bien común que es, y no como un recurso inagotable, deja de ser una opción para convertirse en una urgencia.





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