Miércoles, 16 de septiembre de 2026
Nacional · Sociedad

Una mujer de 88 años, víctima de violencia machista en San Sebastián de los Reyes: van ya 37 este año

A street sign with a broken heart on it

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El pasado 11 de septiembre, una cuidadora encontró en un domicilio de San Sebastián de los Reyes (Madrid) a una mujer de 88 años gravemente herida y a su marido, de 90, muerto por ahorcamiento. Días después, la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género confirmó lo que los golpes en la cabeza y los brazos de la víctima ya apuntaban: un feminicidio. La mujer no sobrevivió a las heridas. Es la víctima número 37 de violencia machista en España en 2026, según el recuento oficial del Ministerio de Igualdad.

No constaban denuncias previas por violencia de género. Tampoco había hijos menores a su cargo. El matrimonio llevaba décadas viviendo en la misma casa, con una cuidadora que los visitaba y que fue quien dio la voz de alarma. Nada, en apariencia, distinguía este hogar de cualquier otro.

Esa aparente normalidad es, precisamente, uno de los mayores obstáculos para detectar la violencia machista en la vejez. Las mujeres mayores denuncian mucho menos que las jóvenes: dependen económica y físicamente de sus parejas, arrastran generaciones de silencio sobre lo que ocurre puertas adentro, y los servicios sociales rara vez están formados para identificar señales de maltrato en personas de edad avanzada. Cuando la violencia se hace visible, como en este caso, suele ser ya demasiado tarde.

El caso de San Sebastián de los Reyes eleva a 37 las mujeres asesinadas por violencia machista en España en lo que va de 2026. Andalucía encabeza el recuento autonómico con 10 víctimas, seguida de la Comunidad Valenciana con 5 y Madrid con 4. Desde que el Ministerio de Igualdad comenzó a contabilizar estos crímenes en 2003, la cifra total asciende ya a 1.378 mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas.

Cada nueva víctima recuerda que la violencia machista no entiende de edad ni de apariencias. Combatirla exige algo más que estadísticas: protocolos específicos para detectarla en la vejez, formación real para quienes atienden a las personas mayores, y la voluntad política de no mirar hacia otro lado cuando el maltrato se esconde tras una puerta que parece tranquila.

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