Una riada repentina ha dejado, hasta el momento, al menos 95 personas muertas y más de 400 desaparecidas en el distrito de Rasuwa, en la frontera entre Nepal y el Tíbet. El desbordamiento del río Bhote Koshi, ocurrido a las 9:15 de la mañana hora local, arrasó las localidades de Timure, Rasuwagadhi y Syabrubesi, destruyó 27 puentes y dañó gravemente la central hidroeléctrica de Langtang Khola, inaugurada apenas unos meses antes.
De las 403 personas que la Junta de Turismo de Nepal da por desaparecidas, 341 son extranjeras —entre ellas, dos españolas— y la mayoría participaba en el Kailash Mansarovar Yatra, una peregrinación sagrada del Himalaya que cada año atrae a miles de personas de India, Estados Unidos, Australia, Reino Unido y decenas de países más. Los equipos de rescate solo han logrado localizar con vida, por ahora, a 29 personas.
Lo que ha ocurrido en Rasuwa no es un simple accidente geográfico. Las riadas repentinas por desbordamiento de lagos glaciares y ríos de montaña se han multiplicado en el Himalaya en la última década, y la comunidad científica lleva años advirtiendo que el calentamiento global acelera el deshielo y desestabiliza estas cuencas. Que una central hidroeléctrica recién inaugurada haya quedado gravemente dañada por la crecida vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿se está construyendo infraestructura crítica en zonas de riesgo climático creciente sin la planificación que ese riesgo exige?
Hay, además, otra desigualdad que esta tragedia deja al descubierto: la de las comunidades locales de Rasuwa, cuyas casas, puentes y medios de vida han quedado arrasados, y que rara vez aparecen en el recuento internacional más allá de la cifra genérica de «muertos y desaparecidos», frente a la atención mediática que reciben los turistas extranjeros atrapados en la ruta de peregrinación.
Nepal, uno de los países más expuestos al cambio climático y con menos recursos para adaptarse a él, vuelve a pagar en vidas humanas una crisis que no ha provocado. Mientras el mundo cuenta a sus turistas desaparecidos, las aldeas del Himalaya cuentan lo que han perdido para siempre.





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