Fuente Unsplash
La patronal del comercio de gran distribución (Anged) ha lanzado una seria advertencia: el volumen de ventas que se desviará hacia gigantes del comercio electrónico asiático como Shein, Temu o AliExpress alcanzará más de 22.000 millones de euros hasta 2030. Más allá de la disputa contable entre grandes empresas y gigantes digitales, la vertiginosa expansión de estas plataformas pone sobre la mesa un dilema ético sobre nuestro modelo de consumo.
Detrás de precios asombrosamente bajos se esconden con frecuencia cadenas de producción opacas, un elevadísimo impacto ambiental vinculado a la producción masiva de ropa ultrarrápida y una presión sin precedentes sobre las condiciones del empleo local. Las plataformas que operan bajo normativas más laxas o aprovechan vacíos fiscales distorsionan la competencia y erosionan el tejido económico comunitario.
La respuesta a este modelo no pasa únicamente por la regulación de la CNMC u organismos internacionales, sino por recuperar la conciencia de compra. El verdadero valor del comercio de cercanía no reside únicamente en el producto, sino en la cohesión social, la sostenibilidad ambiental y la creación de empleos dignos en nuestros barrios.
Como ciudadanas y ciudadanos, cada decisión de compra es un voto sobre el modelo de sociedad que deseamos construir. Apostar por el comercio local, la reparación y el consumo responsable es la herramienta más poderosa para defender nuestros derechos y proteger el planeta.