Foto:Tantish Swimming Academy
Ahmed al Masri tiene 14 años. Perdió una pierna después de resultar herido cuando había salido a buscar comida. Saleh al Satari, también de 14, perdió la izquierda tras un ataque israelí. Ahora ambos están aprendiendo a nadar en Jan Yunis gracias a HEAL Palestine y a la escuela de natación dirigida por Amjed Tantish. En medio de una Gaza devastada, el agua devuelve libertad.
La historia es todavía más sencilla y hermosa de lo que parece. HEAL Palestine alquiló una casa para utilizarla como oficina. Había allí una pequeña piscina vacía y deteriorada. La rehabilitaron y la convirtieron en un espacio donde 90 niños y niñas amputados o huérfanos reciben clases dos veces por semana.
La ONG explica que nadar no es solamente entretenimiento. El agua permite mejorar movilidad, confianza, relación con otros niños y bienestar emocional. Para cuerpos que han sufrido amputaciones, además, reduce temporalmente muchas limitaciones físicas. Su objetivo es volver a sentirse niños.
No estamos ante una historia destinada a convertir el sufrimiento palestino en una postal optimista. Estos menores deberían conservar sus extremidades, sus familias, sus casas y sus escuelas. La piscina no borra aquello que les ocurrió.
Pero la solidaridad se organiza precisamente porque la destrucción no puede tener la última palabra.
Según datos de Naciones Unidas recogidos por El País, unas 42.000 personas en Gaza han sufrido heridas que han cambiado sus vidas desde octubre de 2023 y aproximadamente una cuarta parte son menores. Gaza concentra además una proporción extraordinariamente elevada de niños amputados.
Amjed Tantish también ha impulsado piscinas improvisadas de agua marina en las playas, y unas 1.600 niñas y niños participan actualmente en actividades financiadas mediante solidaridad internacional.