Imagen modificada con IA.
Después del devastador terremoto de Haití de 2010, Estados Unidos concedió a ciudadanos haitianos el Estatus de Protección Temporal, conocido como TPS. Les permitió vivir y trabajar legalmente porque devolverlos a un país devastado por una catástrofe se consideraba inseguro. Esa protección se renovó durante años ante nuevas crisis políticas, humanitarias y de seguridad.
Ahora la escena es radicalmente distinta.
La Administración Trump terminó el TPS para aproximadamente 350.000 haitianos. El Tribunal Supremo, por seis votos contra tres, permitió en junio que esa decisión siguiera adelante. La protección quedó oficialmente terminada a finales de julio.
Después llegaron las tobilleras para deportar.
En Ohio, cientos de antiguos beneficiarios del TPS fueron citados por las autoridades migratorias. Algunos salieron de las oficinas de ICE con dispositivos electrónicos colocados en el tobillo. ABC confirmó esas citaciones y el uso de monitores.
Abogados que acompañaron a la comunidad aseguran que el 2 de agosto al menos una docena de haitianos salieron monitorizados. Otros habrían recibido antes la alternativa de aceptar 2.600 dólares para abandonar voluntariamente Estados Unidos o quedar sometidos a vigilancia electrónica.
Lo especialmente cruel es criminalizar a quien cumplió.
Estas personas no se escondieron. Comparecieron ante ICE porque recibieron una citación. Algunas tenían TPS y otras mantienen solicitudes de asilo pendientes. La tobillera introduce sobre sus cuerpos la estética del delincuente precisamente después de acudir voluntariamente a una autoridad.
Y existe una contradicción todavía mayor.
El propio Departamento de Estado estadounidense mantiene advertencias contra viajar a Haití por violencia, delincuencia, terrorismo y secuestros.
Haití sigue siendo peligroso, pero quienes huyeron de allí dejan de ser protegidos.
Primero Estados Unidos les dijo: podéis quedaros porque regresar es inseguro.
Ahora les coloca una tobillera para asegurarse de saber dónde están cuando llegue el momento de expulsarlos.
Eso no parece seguridad.
Parece la solidaridad con caducidad.