Fuente IGN
El Instituto Geográfico Nacional (IGN) ha registrado un nuevo enjambre sísmico en el suroeste de Tenerife, con más de 60 terremotos de baja magnitud localizados en los municipios de Guía de Isora, Arico y Vilaflor de Chasna, en el entorno del Parque Nacional del Teide.
Los seísmos, de magnitudes que oscilan generalmente entre 0,8 y 2,0, se han localizado a profundidades de entre 10 y 16 kilómetros, y ninguno de ellos ha sido perceptible para la población ni ha causado daños materiales, según los datos publicados por el organismo.
Este nuevo repunte de actividad se produce después de que, entre la noche del 3 y el 4 de julio, el IGN detectara un enjambre especialmente intenso de cerca de 500 microseísmos en apenas diez horas al oeste de Las Cañadas del Teide, un episodio caracterizado por pequeños sismos y pulsos de baja frecuencia asociados al agrietamiento de rocas y a la circulación de fluidos, gases y vapor, dentro del sistema volcánico.
El Instituto Volcanológico de Canarias (Involcan) ha confirmado que esta sismicidad, de origen sismo-volcánico, no supone un incremento del peligro volcánico a corto o medio plazo, al tratarse de un fenómeno similar a otros enjambres repetitivos registrados en la isla desde 2016.
Tanto el IGN como Protección Civil mantienen una monitorización continua de la actividad sísmica y sus parámetros mediante decenas de equipos instalados en distintos puntos de la isla, con el objetivo de detectar cualquier variación significativa que pudiera anticipar un cambio en el comportamiento del volcán.
Tenerife ha vivido en los últimos meses varios episodios similares de actividad sismo-volcánica, un fenómeno habitual en islas de origen volcánico como las Canarias, donde la vigilancia constante de los organismos científicos permite descartar riesgos inminentes y trasladar tranquilidad a la población residente en la zona.
Los expertos recuerdan que este tipo de enjambres, aunque puedan generar preocupación entre la población por su frecuencia, forman parte de la dinámica interna habitual de un sistema volcánico activo, y que solo un cambio significativo en el número, la profundidad o la magnitud de los eventos, junto con otros indicadores como la deformación del terreno o las emisiones de gases, haría necesario elevar el nivel de alerta actual.