Diócesis de Vitoria
La inteligencia artificial ya no es una promesa futura. Está en el trabajo, en la educación, en la guerra, en los servicios públicos y en las decisiones que afectan a millones de personas. Por eso la primera encíclica de León XIV, Magnifica Humanitas, llega en un momento clave: el Papa pide que la IA esté al servicio de la persona, no del poder de unos pocos.
El documento fue firmado el 15 de mayo de 2026 y presentado el 25 de mayo bajo el título “sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial”. La Santa Sede lo define como la primera encíclica del pontificado de León XIV.
El mensaje central es claro: ninguna máquina puede sustituir la dignidad humana. Vatican News resume la encíclica como una llamada a que la IA sirva a la humanidad y no se convierta en instrumento de dominio, exclusión o muerte.
La pregunta social es urgente. ¿Quién controla los algoritmos? ¿A quién benefician? ¿Qué ocurre cuando una herramienta decide sobre empleo, vigilancia, fronteras o acceso a ayudas públicas?
La IA puede ayudar a curar, traducir, educar o detectar injusticias. Pero también puede precarizar, vigilar y excluir si se pone al servicio del beneficio sin límites. La tecnología no es neutral cuando nace dentro de relaciones de poder.
El reto no es frenar el futuro. Es impedir que el futuro se construya contra las personas.